Seguramente, sin la creencia en un Ser superior que tutela y dirige nuestros pasos, no hubiéramos llegado hasta aquí.
La necesidad de creer es natural en el hombre y responde, a la mayor y más íntima de las aspiraciones; la de seguir viviendo después de la muerte.
Entre los principales instintos que tenemos, existe uno que nos lleva al sentimiento religioso. Posiblemente esté relacionado con el de la conservación, ese tan fundamental que nos señala el peligro o riesgo para nuestra existencia física, para nuestra vida. Porque deseamos vivir ahora, después y siempre. Esto último, entendido como posterior y no como anterior.
Parece que no podemos guiarnos solos y que necesitamos que nos lleve de la mano un padre perpetuo.
Si es necesario ese apoyo ¿por qué tanta arrogancia, si al primer contratiempo, se nos derrumba el castillo de naipes y elevamos la vista al cielo? Cielo azul o atmósfera, cómo queramos.
En cualquier caso, no seré yo quién critique y menos en este rincón, que sirve, para volcar mis "neuras"
Me reconozco pecadora. Reconozco mis limitaciones cuando soy consciente de ellas, que suele ser en numerosas ocasiones. En otros momentos, yo misma me las impongo.
Un freno, si, pero la vida es eso. Pocas veces se puede satisfacer las aspiraciones, aunque también depende de la altura en que situemos el listón.
Aprender a renunciar es bueno. Ayuda a prevenir las frustraciones de todo tipo cuándo las cosas, no nos salen como queremos.
Y.....no sé por qué razón, haciendo una pirueta, vengo por el camino de las aspiraciones.
Aspiración y ambición, es lo mismo, o similar. Parece, que este último rasgo tiene mala prensa y se le suele dar un sentido negativo en general, sin existir una razón para ello. Puede ser una ambición positiva que tenga que ver con la superación de la persona, para poder alcanzar metas superiores.
De cualquier forma, es la única manera de progresar en la vida. La falta de la misma, conduce al estancamiento y al fracaso.
Acostumbraba a ir, a un paraje de sierra con profundas gargantas. Era un bello y solitario lugar, de esos que nos hace empequeñecer por su grandiosidad. Ese lugar cerrado entre sierras, tenía .unido a su belleza, la magia del sonido del eco que se producía al hablar. Algo misterioso, que nos devolvía la voz como si alguien al otro lado, nos quisiera gastar una broma. Era "eco" claro y nítido, en estado puro.
Ponía mis manos de niña a los lados de la boca y gritaba; hola...se repetía...hola, la, la......Estoy aquí....aquí, aquí....Hasta que la voz desaparecía perdiéndose en remotos lugares de la imaginación.
Aunque sabía la razón del fenómeno, no lo acababa de creer y prefería pensar que era algo mágico. Al mismo tiempo, frío y decepcionante, porque al otro lado no había nadie. Sin embargo, esa especie de sentimiento ilusorio que tenemos todos, me hacía pensar que de un momento a otro iba a aparecer algún ser fantástico. Quizá bondadoso, o poderoso, como los cuentos. Pero nunca aparecía, siempre estaba el vacío, la nada disfrazada de algo.
Comprendí, que el eco es lo natural en nuestra existencia. Es la esencia de la comunicación incomunicada. Muchos para hablar, pocos para escuchar. Lo que hablamos, choca contra muros que nos devuelve la respuesta repetida, aunque con diferente sonido.
Las ondas sonoras se pierden pero el eco de nuestra voz queda flotando hasta que la volvemos a recoger..
Es difícil encontrar un cuerpo que la absorba, es difícil encontrar quién la cobije, le de calor y nos envíe un mensaje diferente, cálido no rígido, ni frío, ni automático.
Si, esa es la palabra, "automatismo" y eso somos nosotros, autómatas.
No funcionamos de manera natural, dependemos de nuestro aprendizaje Lo aprendido se convierte en hábito por repetición de actos. Hasta la parte más sensible de nuestro ser, la respuesta es aprendida.
Las emociones que dicen ser las sacudidas del espíritu, que sobresaltan, conmocionan y turban, también responden a esquemas fijos y como la voz, choca contra los muros de piedra que nos devuelven su sonido, su eco. Pero nadie lo recoge.
Es como si el mundo fuera una confusión de voces y respuestas entrecruzadas, donde cada cual, solo escucha la suya, hasta que se debilita y acaba convertida en nada. Entonces la emoción se cierra en si misma nos ahoga. Ya no queda nada que trascienda, ya no queda nada que se manifieste externamente. Allí prosigue almacenada, produciendo la auténtica conmoción, porque la auténtica comunicación no existe.
Si, el mundo es una confusión de voces con los respectivos ecos que nadie escucha. Es un hablar en paralelo.
Un buen remedio es escribir, para volver a leer lo escrito. No hay eco, solo silencio.
Allí donde se escucha el trinar de los pájaros,
allí donde no alcanza la vista en su mirar,
van a parar perdidos los sueños silenciosos,
cogidos de la mano del que quiso soñar.
Nadie atrapó los besos que quedaron perdidos,
ni tampoco las lágrimas perlas de tu mirar,
entre tus labios rojos permanecen dormidos,
esperan un nuevo amor que los haga despertar.
Un perfume en el aire una flecha en el suelo,
cualquier señal es buena para buscar tu sueño,
mas al abrir la boca en busca de tu cielo,
han volado los besos sin encontrar su dueño.
En busca de caricias tus manos andan locas,
en tu pecho desbocado galopa el corazón.
Cuando te ve la gente repite... ¡pobre loca!
¡déjala! ¡ no la mires! ha perdido la razón.
Palidece la luna al llegar el día. Recoge y guarda la luz prestada y la personaliza. Para compensar su falta de luminosidad, adquiere un tono plateado.
En su opacidad, no entiende que carece de ella y que lo suyo es un simple reflejo.
Espera las sombras de la noche para salir de su escondrijo y manifestarse resplandeciente.
Luz de aves nocturnas, de paisajes sombríos, de senderos intransitables.
Ensalzada y unida al amor por los poetas, cuando en realidad solo es un astro opaco y sumiso.
Quiere asemejarse al sol. Quiere tener influencia sobre el mar y sus azuladas aguas.
Incapaz de penetrar en ellas con sus rayos y volverlas tornasoladas, las mueve, las eleva, las extiende.
Pero nunca será igual que el astro cuya potente luz, se introduce y permanece hasta el ocaso, haciendo una exhibición de belleza.
Luz apagada, fría, insignificante. Alma vacía que pretende ser sin ser.
La tierra, es el motivo de su existencia. No tiene cielo, no tiene vida, tampoco eternidad.
Carece de otoños dorados y de primaveras.
Es, la luna. Es....la nada.
¡La cantidad de sensaciones que despierta contemplar una vela encendida! Observar el baile de la llama, la sombra agrandada proyectada sobre la pared. Hay algo misterioso que nos hipnotiza y atrae. Podríamos permanecer mirando indefinidamente.
Parece que se vaya a apagar de un momento a otro, pero no se apaga. La vela tiene vida propia. Su vida, es la llama.
Cualquier soplo de aire, hace que se tambalee, no obstante, no pasa de allí Sigue con su sempiterno baile, imperturbable e indiferente a lo que sucede alrededor. Pero no sucede nada. Todo está estático. Todo menos mi pensamiento que vuela hacia lugares pasados en el tiempo y en el espacio.
Sin embargo, esos lugares están en mi, en mi vida, en mis recuerdos, en mi memoria.
Solo tengo que evocarlos y se suceden secuencialmente, como si se tratara de una película.
Puedo decidir y actuar sobre ellas Puedo rememorarlas o desecharlas. Ahora si, en otro tiempo no pude.
Pero ahora tengo la posibilidad de reorganizar el tiempo pasado y de asimilar las experiencias..
Lo que en otro momento pareció tan importante y decisorio, actualmente lo desdramatizo y lo pongo en su sitio. Las consecuencias, no fueron tan graves.
Claro está, que ahora voy sobre terreno conocido y lo veo a tiempo pasado como hechos sabidos. He olvidado ya la sensación de inseguridad que me produjo en su momento lo desconocido, o el miedo al futuro próximo o remoto.
Dicen que la memoria tiende a recordar lo bueno y a olvidar lo malo. Es posible que percibamos el pasado mejor que el presente, por una especie de idealización absurda de lo vivido recordado. Y digo absurda, si, porque nos puede llevar a la nostalgia continua y a la desvalorización del presente.
Tan enfrascada estaba en mis pensamientos, que no observaba, que la vela estaba casi consumida..
Doy un salto, me acerco, soplo, apago la llama. Me dirijo hacia el exterior, hacia la calle. Hace un día luminoso.
"Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla."
Confucio
En la vida, todo puede ser bello en uno u otro sentido, no solo aquello que consideramos bonito.
Puede haber belleza en lo trágico, en lo dramático.
No es todo, esa imagen idílica representada por un bonito paisaje, donde una bella joven, va recogiendo las flores que crecen silvestres, forma un ramo, y sigue caminando descalza por la húmeda hierba del prado, dando vueltas en una especie de danza, mientras el aire, despeina el cabello, haciéndolo volar y flotar al viento.
Esa imagen, que pretende ser símbolo de belleza, porque reúne todos los ingredientes para serlo, juventud, naturaleza viva y color, podría ser muy bien el anuncio de un detergente.
Ejemplo, X, lava más blanco.
La belleza es algo más y va unida a la grandiosidad.
Dicen que tiene que ser agradable a la vista, despertar unos sentimientos positivos o una sensación de bienestar.
Indudablemente, un hecho trágico no nos conduce a ese estado pero si, nos puede impulsar a reaccionar de forma desinteresada, vincularnos a otra persona e identificarnos con ella en momentos difíciles.
La identificación, actitud próxima al amor, puesto que bien se puede confundir con él y hacer sentir hacia otros, lo que sentimos hacia nuestra persona, que es por la que sentimos más amor. El amor a nosotros mismos.
Allí está la belleza de lo trágico, no en el acontecimiento en si, sino en los sentimientos sinceros que despierta de compasión y de solidaridad.
No es bonito en la misma consideración que un paisaje, una obra de arte....pero es bello.
.Al final, nada es lo que parece.
Todo es como es. Pero ¿cómo es realmente?.
Tenemos necesidad de sentirnos aceptados y para ello, pretendemos dar una imagen, verdadera, falsa, o ni lo uno ni lo otro.
Dependerá del momento, de la situación, de la necesidad, y sobre todo, de las expecdtativas que despertemos.
Nos manifestamos de acuerdo a lo que se espera, de acuerdo con la respuesta que otros deseen al menos, si queremos quedar bien y quien lo espera, es importante ante nuestros ojos.
Somos dúctiles y maleables, como los metales.
Todos los convencionalismos, son fórmulas destinadas a quedar bien, o conectar.
Es todo convencional y aprendido porque somos producto de la educación recibida, que depende del ambiente socio-cultural que nos movamos.
En las fórmulas de expresión ¿Qué hay de sincero? ¿Qué pretendemos? Solo ser aceptados y considerados, elevar nuestra autoestima. El otro, cuenta menos.
Hipocresía social. Hipocresía individual.
Hoy lo veo así, mañana....ya veremos.
Todos necesitamos un nombre mediante el cual, somos reconocidos y diferenciados de los demás.
Se nos adjudica y en la decisión, nosotros no tenemos ninguna influencia. Nadie pide nuestro parecer ni opinión, ni tiene en cuenta nuestros gustos y preferencias. Entre otras cosas, porque tampoco estamos en ese momento en condiciones de expresarnos.
Se nos otorga de por vida, sin saber, las extrañas motivaciones que influyen en la elección. En el fondo, ni nuestros propios padres son conscientes de ello.
Al nombre le imprimimos un carácter, de acuerdo con nuestras particularidades. A la vez, influye en nosotros, puesto que nos identificamos absolutamente con él.
Influye para bien o para mal , o simplemente influye..Nos puede gustar, disgustar o ser indiferente.
En el primer caso, nos ayuda a compensar esas pequeñas deficiencias que tenemos o creemos tener. Pensamos además, que nos abre puertas y así es, si es bonito, o tiene un significado especial o unas connotaciones. Si encima es original, cosa difícil porque todo está inventado, nos sentimos orgullosos de él y será nuestra carta de presentación.
Si no nos gusta, nos acompleja. Como no podemos escapar, lo transformamos en algún diminutivo para disfrazarlo. No obstante, igualmente nos identificamos con él y lo hacemos nuestro.
La influencia sobre nuestra persona en este caso es negativa. Produce inseguridad que unida a la sensación de rechazo que puede ocasionar en la gente, nos ocasiona disgusto y malestar.
Lo llevaremos como una carga en la vida y es posible que debido a él, perdamos alguna oportunidad y encaremos las situaciones nuevas ya predispuestos negativamente.
Pasa un poco como los horóscopos, que pueden predisponer en una u otra dirección, actuando por sugestión.
Y ¿Cómo vemos a los que se llaman como nosotros? Por una parte, con cierta identificación y por otra, como si nos hubieran copiado el vestido.
Si, el gusto o el capricho de los padres, nos puede condicionar la vida.
Cierto es, que cada uno le damos un enfoque diferente al bienestar, y verdad es también, que no a todos nos satisface lo mismo.
Tenemos unas aspiraciones determinadas, bien sean de tipo material o espiritual, pero la actitud que adoptamos para la consecución de las mismas, es diferente.
Nunca estamos totalmente satisfechos con lo que poseemos, ni lo valoramos en su justa medida.
Deseamos algo fervientemente, luchamos por ello y cuando lo alcanzamos, ¡oh sorpresa! No nos llena.
Como una rueda giramos permanentemente en torno a unos propósitos y unos fines hasta que los alcanzamos. Una vuelta tras otra, un deseo tras otro.
Las aspiraciones, son necesarias para progresar en la vida. Tener un buen nivel de las mismas, nos lleva a alcanzar metas de todo tipo. Nos conduce al progreso.
El conformismo, tiene que ver con la pasividad, unas veces por comodidad, otras, por cobardía.
La ambición es necesaria y al contrario de lo que mucha gente piensa, es buena. Todo depende del grado y de la clase de ambición que se tenga.
Pero pasar unos límites y caer en la insatisfacción permanente ,solo produce desasosiego y descontento.
En su justa medida, conduce a la superación y a la realización.
La paloma, no quería ser paloma, sino sirena, para poder nadar. No estaba satisfecha con moverse en el aire. También quería dominar el agua.
un día al caer la primavera,
encontré una paloma que llorando
dijo ¿no ves que yo quisiera
ser sirena y poder así nadando,
alcanzar mi aspiración verdadera?
No creas dijo, que porque veas
el camino en tonos sonrosados,
sea el mundo de la misma manera
que tus ojos aprecian lo mirado,
pues hay un mundo por cada uno que pasea.
y a nadie, contenta lo alcanzado.
Es curioso observar, cómo cambian algunas personas cuando se suben a un coche y cogen el volante.
He conocido seres apocados, que andaban por la calle casi pidiendo permiso y sufrían una verdadera transformación.
La seguridad y el poder que les daba el sentirse protegidos en el habitáculo, hacía que emergiera en ellos su auténtica personalidad Era todo un descubrimiento que a veces me sorprendía. Lo que no pensaban estas personas, es que tendrían que volver a bajar del coche y caminar sin ruedas, al descubierto.
Esta transformación demuestra, que no tenemos que ser invisibles para camuflarnos. Sabemos fingir muy bien, dar el pego, mostrando la cara favorable.
Si no nos conocemos nosotros, ¿cómo van a hacerlo los demás? ¡Y no nos conocemos! Doy fe de ello. Cada día descubrimos algo, unas veces bueno y otras, no tanto.
Al contrario de lo que la gente piensa, creo que disimulamos mejor cuando somos visibles, cuando nuestra presencia es física, que cuando nos representa solamente un seudónimo y lo único que figura, son nuestras ideas y sentimientos.
Bien sea porque nos proyectamos en lo que escribimos, o porque creemos estar escondidos, bajamos la guardia, y nos manifestamos más auténticos, más acorde a como somos en realidad.
Al expresarnos, pensamiento y sentimiento van unidos. Al escribirlo, allí queda reflejado en esos pequeños detalles y matices que si fuera lenguaje oral, se nos escaparía a la observación, porque no podríamos volver sobre ello, ni releer para comprobar.
Como dicen, "las palabras, las lleva el viento", pero lo escrito, queda, y los pequeños detalles más que los grandes, nos delatan.
No es difícil apreciar las atracciones o rechazos, el agrado o desagrado, la alegría o tristeza, la seguridad, la vacilación, la soberbia, la vanidad, la autosuficiencia, la verdad, la mentira.
De la misma forma se aprecia lo positivo. La sinceridad, la fortaleza, la humanidad, la inteligencia, la emotividad, el afecto.....
¡Raro mundo éste, de las relaciones invisibles! Extraño y desconocido, porque en realidad está empezando y va a revolucionar lo que ha supuesto hasta ahora la sociabilidad, dando un nuevo sentido, estableciendo una nueva forma de relación humana.
Tendremos que prescindir del lenguaje corporal y centrarnos en el de los impulsos eléctricos.
Nos hace pensar por una parte que estamos solos y por otra, sentimos, que millones de ojos nos están observando.
Esta es la nueva sociedad virtual, formada por individuos invisibles, pero previsibles.
"Mi voz persigue lo que mis ojos no pueden alcanzar.
Con el giro de mi lengua abarco mundos y universos.
El habla es la gemela de mi vista....y es incapaz de medirse por si misma.
Me dicen, sabes mucho, pues Por qué no lo expresas?
Vamos, no me dejaré tentar....tienes demasiada fe en la expresión"
Fuiste oruga. Soñabas con ser adulta y así, poder volar.
Pasaste a ser crisálida. Precioso nombre. Tampoco te conformaste, porque decías, que los otros insectos, no sabían apreciar la belleza del lenguaje.
Por ultimo, siendo ya mariposa, llegó la frustración al comprobar tus limitaciones. Tu vuelo, no tenía el recorrido que deseabas.
Para compensar, te centraste en tu belleza exterior, e hiciste una exhibición de la misma desplegando tus alas de colores. Pero eran demasiado frágiles.
No has entendido que tu verdadera misión no es la de volar, y que para ti la libertad, es dar vida.
Libas el néctar que las plantas te ceden gustosamente porque favoreces su reproducción.
Quizá algún día comprendas que la auténtica libertad está en cumplir la misión que se nos ha encomendado.
Hay algo en cada uno de nosotros, que dirige pensamientos y acciones, influyendo a la hora de pensar y de actuar. Se llama, conciencia.
Funciona reconociendo lo que hacemos y estableciendo, unas normas o límites.
Merma la libertad, entendiendo como tal, el poder hacer o no en cada momento lo que deseemos, sin mayores consideraciones.
No es libertad realizar lo apetecible a cualquier precio, sin tener en cuenta las consecuencias de nuestros actos, para si, o para los demás.
Libertad, es obrar de acuerdo con los límites que establece la moral y la ética.
Como una proyección en nuestras acciones, nos reconocemos en lo que hacemos, y de acuerdo con ello, nos juzgamos, con severidad o laxitud. Entremedio infinidad de grados, de acuerdo con las restricciones que se imponga cada uno. La conciencia amplia o estrecha, escrupulosa o laxa, concentrada o dispersa, etc.
Está ligada a las motivaciones, por tanto, puede variar según el momento..
Pero solo quiero considerar, el condicionante que supone para la libertad, bien o mal entendida, puesto que no es más libre el que pretende hacer lo que quiere o apetece en cada momento, lo consiga o no. A veces, con la consiguiente frustración, ya que aunque lo logre, nunca estará satisfecho.
Buscar la libertad a costa de dejar de ser uno mismo, aparcando la autenticidad, es traicionar los principios y falsear las intenciones.
No busca la libertad aquel que deja de ser como es, sino que busca la aceptación. Para ello tiene que mostrarse como los demás desean que sea, cayendo en una doble esclavitud, la de la dependencia, y la del prejuicio.
Se puede creer ser libre, refiriéndome con ello a juicios, intenciones y camuflajes de todo tipo, aunque para mi, eso no es pensar, sino cavilar, ya que el pensamiento tiene que ver con la razón, y con la capacidad de establecer relaciones, llegar a conclusiones creativas. Pero no se puede actuar con libertad saltándose determinadas barreras.
Los que persiguen ser libres en compañía, no lo hacen a título individual, sino que son dirigidos por otros que ejercen de líderes. Una libertad dirigida, influenciada e impuesta, por terceras personas.
En ese seguimiento y búsqueda, se aparca la autenticidad y la personalidad real, se sacrifica en aras de conseguir determinadas metas.
¿Dónde se dejan valores como la sinceridad, autonomía, independencia, franqueza, espontaneidad, etc?
Si todo queda a un lado, el precio que se paga es el del engaño a si mismo, la servidumbre, la obediencia. No solo no se alcanzará lo buscado, sino que la escapada, cayendo en el sumisión y la dependencia, durará toda una vida.
El individuo ha negado su propia realidad. ¿El coste? La huida constante y el engaño disfrazado de búsqueda. ¿Ir por libre o..."ser libre"?.
Entiendo por libertad, la facultad que inclina a actuar de acuerdo con la propia conciencia, y no debido a presiones externas.
En el pensamiento, la relaciono más con la independencia y el criterio personal. Pensamiento y acto van unidos.
¿Cómo se puede pensar en libertad? Somos educados para vivir en sociedad, de acuerdo con unas reglas y valores que nos limitan y condicionan de por vida. Dirigen y merman libertad.
Estamos encasillados y tipificados. Incluso para tener un criterio propio, se parte de nociones aprendidas, por tanto proporcionadas por otros. Es una manera de uniformarnos,
Las presiones del grupo, hace que nos resulte muy difícil salirnos de él, ni en la opinión, ni en la actuación.
¿Qué hacemos para ser más independientes? Incluso para nuestra existencia física, estamos sometidos a los demás. Somos absolutamente dependientes.
Y si nos aislamos para no recibir influencias, las recibimos del ambiente que nos rodea, de la naturaleza misma, del entorno .
Hasta las estaciones nos condicionan en nuestras formas de vida.
El pensamiento...Además de los mensajes directos, están los subliminales. Ante ellos, no tenemos defensa- Dirigen nuestras vidas sin saberlo.
Son los que verdaderamente nos "educan" y conforman nuestra conducta, nuestras disposiciones, gustos, deseos.
Cuantas veces hemos escuchado aquello de que, "hay que enseñar a pensar". Pero, enseñarnos a pensar, no es independiente de enseñarnos, "qué pensar", rompiendo con el verdadero propósito. El procedimiento, va unido al contenido.
¿Cómo podemos hacerlo por nosotros mismos? Desde el momento que aprendemos a hablar, aprendemos a pensar, por medo de esa herramienta que es el lenguaje.
Lenguaje y pensamiento, van unidos. Todos tenemos la misma herramienta, solo varia, la forma de manejarla., pero con idénticos patrones.
Utilizo muchas veces el término volar, como símbolo de libertad, pero no deja de ser una huida, una escapada.
Y cuando escapamos de algo, es en el fondo porque nos da miedo, por tanto, lo deseamos a medias, o lo buscamos sin atrevernos.
La libertad como escapada, la vida, como huida de todo lo impuesto.
La independencia como deseo, pero no como hecho realizado.
No existe ser libre, solo, el sentirse libre. Pero...¿Y si solo es un espejismo y por tanto, más receptivo a influencias externas?
Bien lo saben todos los que nos manejan y marcan los caminos que hemos de atravesar, para conseguir ese preciado don. Así tenemos una libertad compartida y coincidente con la del que está al lado. Determinada de antemano y esquematizada.
Pero, todavía hay quién sueña con volar y se resiste a seguir patrones comunes.
El deseo, o el sueño del hombre, ha sido siempre volar, no solo por desplazamiento rápido, sino por el ansia de libertad, nunca conseguida.
Quizá también era una forma de querer llegar al cielo, de buscar o conocer, qué hay más allá y si existe algo.
Ya disponemos de artilugios que volando, nos desplazan rápidamente. Hemos conseguido llegar al espacio, pero seguimos sin ser libres, ni conocer que hay detrás de esa capa azulada que llamamos cielo, pero que en realidad es, la atmósfera.
Dos sueños irrealizables, el de la libertad y el de la vida eterna.
.
Quien en nombre de la libertad renuncia a ser el que tiene que ser, ya se ha matado en vida: es un suicida en pie. su existencia consistirá en una perpetua fuga de la única realidad que podía ser.
José Ortega Y Gasset
Si no tienes la libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener?
Arturo Graf
¿Quieres saber que es libertad? No ser esclavo de ninguna cosa, de ninguna necesidad, de ningún azar, reducir la fortuna a términos de equidad.
Lucio Anneo Séneca
Atmósfera roja, irreal, cambiante,
hecha de atardeceres y tropiezos,
ritmo en el tiempo obsesivo trepidante,
se deshoja como flores de cerezo.
Cautiva y hace de mi su prisionera,
víctima de una realidad inexistente.
Teje la araña fino hilo de seda,
observa un atribulado rostro indiferente.
Playa sin final, sin horizonte, sin mar,
hundo mis pies en tus cálidas arenas,
eres la panacea que deseo encontrar,
ver mi alrededor con actitud serena.
Ir más allá de lo próximo sin límites,
poder admirar qué ocultas tras el velo,
mas tu terca voluntad no lo permite.
¡Ay pajarillo sin remontar el vuelo,
atrapado entre deseos y límites!
Hablar de realidad, es hacer referencia a lo que ocurre a nuestro alrededor, a lo que percibimos por medio de nuestros sentidos.
Cierto es que existe, una realidad subjetiva y una objetiva, porque hasta lo más insignificante, lo revestimos con nuestra manera de ser y lo hacemos propio.
En todo caso, la realidad subjetiva para cada uno es la auténtica, porque no conoce otra. Y para forjarla, además de las variables que haya por individuo, de sus percepciones, de sus sentimientos, estará la utilización de la relación espacio-tiempo.
El espacio y el conocimiento del mismo, de acuerdo con nuestra manera de ser, de vivir y de las necesidades. El tiempo, como abstracción y como ritmo.
Los extremos se tocan, lo irreal y lo real van de la mano, haciendo que nos parezcan determinadas situaciones irreconocibles.
Todo pasa rápido, cambia con cada paso que damos, como cambia el paisaje contemplado desde la ventana de un tren, cuando realizamos un largo viaje. Se escapa de nuestro control, por mucho que queramos dirigirlo.
Nos condiciona, no sabemos quién va primero ni quién detrás. Vamos a remolque de los acontecimientos.
Más de una vez, tenemos que palpar, para ver si estamos allí
Seguimos descalzos, pisando la arena caliente....Sin agua, sin mar. Atados con un hilo invisible, que alguien ha tejido a nuestro alrededor.
Admirar, es apreciar en otros, aquello que consideramos importante y fuera de nuestras posibilidades de alcanzar.
El primer paso es, dar valor a unos hechos y a unas personas, puesto que ambas cosas van unidas.
Por tanto, primero nos apercibimos y después, reconocemos y estimamos.
No deja de tener una gran dosis de desprendimiento, a la vez que aceptación con humildad de nuestras limitaciones, percatándonos que hay alguien más importante, capaz de realizar mejores obras, o aceptar que posee bienes más preciados.
Si está lejos de nosotros en el espacio y en el tiempo, nos resulta más fácil que si está próximo. Quizá sea el motivo de existencia, de esa característica tan nuestra, de encumbrar a alguien y reconocer su obra cuando ya ha fallecido, y mientras vive, todo son persecuciones o críticas, en particular, si es una persona muy válida o sobresaliente. No digamos ya los genios, que además, son incomprendidos por inalcanzables.
¿Contemplamos extasiados, sin más, a nuestros admirados? ¿Qué sentimientos se pueden generar, además? ¿Cuántas veces hemos escuchado aquello de que, "me produce sana envidia"? ¿En algún momento la envidia es sana?
El querer tener esas virtudes, esas características, esos valores, esos bienes, que somos conscientes de no poseer, es envidia.
Podemos quedarnos quietos, simplemente admirando, apropiarnos, desvalorar aquello a los ojos de los demás, entristecernos debido a la impotencia por sentirnos inferiores, podemos
experimentar mil sentimientos entrecruzados.
Es curioso ese término de sana envidia, pero, no creo que exista. Otra cosa es, no desear daño ni desprestigio, a aquel que merece admiración.
Hay un camino, que está lejos del contemplativo, del que llamamos sana envidia. Es el activo. Nos conduce al esfuerzo constante, a vencer dificultades, conseguir ciertos logros o metas mediante las cuales, nos autovaloremos en la justa medida, sin caer en los excesos, vanidades u orgullos...
Quién se mueve con ímpetu hacia un objetivo, no tiene tiempo ni ganas de sentir recelo. Considera al que está por encima, como un estímulo, que le empuja a emprender el camino activo, el de la superación.
"El culto al hombre de genio tiene algo de humildad ineficaz, de renunciación a la esperanza, por pequeña que sea, es el germen de nuestra posible perfección. El culto al hombre de pasión es peor aún. Hacer un ídolo de la pasión es también la renuncia al propio progreso, pero revestida de soberbia, de divinización cínica de la miseria que no somos capaces de superar"
He copiado este párrafo de un libro de D. G. Marañón, aunque solo se refiera a dos facetas, porque resume muchas cosas.
Rendir culto, ¿es admirar? ¿es envidiar? ¿es querer emular?
Dependerá de tantas cosas....Emular si, pero a determinados actos, a los positivos. Es difícil, porque implica renunciar y reprimir ciertas tendencias naturales.
Nada se da por si solo y lo natural por el hecho de serlo, no tiene por qué ser lo mejor, ni lo bueno.
Caminar hacia el ascenso personal, es dejar de lado la envidia sana, además, la admiración excesiva en si misma, conduce a la pasividad.
Superación si, aspiraciones también, pero con realismo, teniendo en cuenta las limitaciones de cada cual.
No soñaré despierta, que nadie me lo pida.
Siento bajo mis pies, el ruido de la tierra.
El fuego del volcán, buscando la salida.
Mientras a mi garganta, un gemido, la cierra.
No soñaré despierta, que soñaré dormida. Tocaré con la mano, la sábana vacía.
No sentiré dolor, no hurgaré las heridas.
Me acercaré a tu cuerpo. Ya con la luz del día,
fundiré en el recuerdo, tu imagen y la mía.
Que no se entere nadie. A nadie se lo digas.
He de soñar despierta. He de soñar dormida.
Aunque te sientas blanco de todas las miradas,
en un mundo invisible de voces silenciosas,
quieres hallar el trébol de cuatro hojas marcadas,
esperas que la suerte se acerque sigilosa.
Hasta el lejano punto que alcanza la mirada,
tú, sola contigo misma en devenir constante,
con el tiempo en los dedos entre espuma dorada,
diriges los deseos con el alma vibrante.
¡Qué enero sea marzo con él, vuelva la vida!
¡Vuelen las mariposas de alas amarillas!
¡Suene música de arpa entre nieblas perdidas!
¡Siga la vida al son de la música! el sol, brilla.
Una oración es un toque de esperanza,
es un deseo un ideal que se materializa,
en su lento palpitar el corazón alcanza,
la utopía soñada que se muestra huidiza.
Buscar, no equivale a encontrar, aunque a veces se confunda.
Encontrar es un hallazgo, un descubrimiento, es llegar a una meta no siempre propuesta.
Una insatisfacción permanente nos empuja, aunque a veces, tropezamos con lo que no queremos. La voluntad, nos sirve para continuar indefinidamente.
La bondad, el bien, la belleza, ¿Dónde están?
Toda una vida y no llegamos a parte alguna, ni resolvemos el enigma.
Centrados en lo cercano, nos ocupamos de satisfacer las necesidades inmediatas y en alcanzar lo posible.
Señalar metas superiores, es entrar en lo utópico. Es un simple deseo que sale de toda realidad.
La belleza, la bondad, la verdad, la felicidad... Nos movemos, pero bien sabemos que no existen ni siquiera, como fin último. Ni como propósito.