No es amar el silencio acariciar la noche, ni llorar entre ecos impregnados de estrellas, ni mirar a las sombras cimbreantes caminar impasibles, desde la lejanía de mi mar de color, de mi mundo celeste.
No es amar el silencio pasear entre las soledades, ni clamar lo imposible que acaso no existiera. Es, levantar la voz, acariciar la tierra, escuchar la mañana de arroyos desbordados, de bosques invisibles, plenos de vida nueva
Si alguna vez me llega ese soplo de vida, con los ojos cerrados perseguiré su inalcanzable estela, hasta las latitudes ignotas de otros mundos lejanos inmersos en la magia, de imágenes cercanas con lo próximo ausente.
Es amar el silencio continuar en la vida acaso, cuando muera.
Hay palabras de sol
dormitando a la espera, el rescate
en un festivo día.
Una isla perdida en el mar de amapolas,
rojas sombras vivientes,
arrebatado palpitar,
corazones derramados sin tregua.
¡Qué fácil es errar al alargar la mano
si los ojos del mar,
se han cegado con la luz de la arena!
Hay palabras de sol esperando esa mano
y detrás, escondidas,
hay palabras de niebla.
¿Por qué he de perseguir un imposible
si cuando ya parece que lo alcanzo
la nebulosa envuelve su estructura
y al apretar la mano,
una flor amarilla se desnuda
y deja al aire su deseo, sin recato?
¿Por qué comprometer el alma mía
en busca de un milagro?
Alguna vez estallará la rosa
y al llevarla a tus labios
abrirá, ofrecerá su aroma,
junto a un suspiro de amor sacrificado.
Alguna vez serás el imposible, y yo,
el latir placentero,
de un murmullo de flor entre tus manos.
En el ayer del hoy,
despierto en mi para encontrar
de nuevo lo perdido,
y cortar los lazos misteriosos
que ligan con cinta de seda,
un extremo y el otro
de los lados del tiempo
No deseo llorar, ni escuchar,
ni repetir anteriores errores.
En ese mar de barcos encallados,
ascenderé a un navío cualquiera,
para esperar
que suba la marea.
Me arropará la espuma de las olas;
me arrullará la gaviota peregrina.
Deslizaré los pies
sobre la incertidumbre, húmedo paño
de sonreír ligero.
Huyes, amor, para quedarte,
como el pájaro que escapa temeroso
por miedo a despertar
del jubiloso sueño.
Al escapar, te acercas.
Siento tus dedos firmes ajenos a tu cuerpo,
dibujando en mi dorso desnudo, paisajes
ardiendo, sin llamas visibles
de fuego.
Me torno virginal, toda de blanco,
cual mariposa que atraviesa los cielos
y deja abandonada a otros antojos
su nueva adolescencia,
renacida, al albor
de primavera.
Hago mío, calladamente mío,
el húmedo tacto de tu cuerpo,
melodía vibrante
acompasada, de un eco perfecto.
En un rincón sombrío,
una difusa luz alma de luna,
se ciñe a mi cintura con hilos invisibles,
ligando a los recuerdos viejas historias
perdidas,
en el torbellino de los tiempos.
Un entorno cambiante,
unas divagaciones,
un camino interior de tacto inmaterial
que va conmigo.
Es esta encrucijada,
realidad sin ser, sin razón de existencia,
vida en una palabra,
una palabra viva.
Compartida realidad entre dos puertos,
juego sin fin entre dos orillas,
la de aquí y la de allá
y entre las dos:
la mía.
Habéis quedado atrás de mi horizonte.
He seguido empujada por vientos ajenos,
lejos de mi destino.
Os he dejado atrás flotando en la memoria, y sigo en otros tiempos de sones incoloros.
Nunca pensé alejarme hasta ese punto;
alguien mintió y me dijo: "sigue".
Así lo hice; también me dijo:
"Todo está estático". Le creí,
y ascendí a la noria
entre las carcajadas del duende de la suerte,
que contemplaba la escena desde abajo.
He buscado el porqué, la explicación,
mil preguntas lanzadas
esperando una sola respuesta
del callado silencio.
Todo sigue su curso,
late el fuego a pesar de los años,
y los ríos, se van sin parar hacia el mar,
hacia la inmensidad.
Al volver la cabeza
veo vuestra silueta difusa
envuelta en la bruma sin tiempo.
Y la mano. ¿Dónde la mano aquella
que me llevó de niña?
¡Ay río cruel que arrastras contigo
los mayos de las flores de cerezo!
Moja la lluvia blanda mi regazo permeable.
Cierro la única puerta
y me refugio en el ritmo de la música.
Mi cerezo florido me acompaña ilusorio.
Os he dejado atrás, en la memoria,
aunque os llevo conmigo.
A mis padres.
G
M
T
Y
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A pesar del diluvio de las olas,
sin desfallecimiento,
espero el milagro cada día
tendida a la orilla luminosa del sueño.
¿Acaso no es mejor que lo vivido
lo soñado, si al despertar
se rompe en mil pedazos el anhelo?
Lo dejaré en el hondo de mi valle
esperando, bocanada
de brisa placentera, eterno palpitar,
sublime imagen plena de luz amante,
eterno sueño.
Esperaré soñando
por si la vida un día a su manera,
nos concede la gracia del encuentro.
Me acompaña dulcemente tu figura
como un punto de luz, allá a lo lejos.
Soy yo, o quizá no,
una voz que suspira cada día,
una voz, nube, sol, onda invisible,
vida nueva, sentir,
melancolía olvidada de mi
y sin encuentro.
Estoy viva, si, lo siento así,
eternamente siento lo vivido,
un recuerdo de presente olvidado
y un olvido de recuerdos presentes.
Soy yo, o quizá no,
esa que está frente a frente sentada
contemplando dos caras, dos sonrisas,
a los lados de un espejo translúcido.
No sé si soy ¡Qué alguien lo diga!
Alguien que no flote
en la quietud dormida en la gente.
He llegado hasta aquí sin saberlo.
Llevo el aire de luna en los dedos
cuando sueño en las noches sin luna.
Sin mirar a tus ojos,
no veré las ilusiones rotas, la esperanza truncada
¿Para qué he de mirar
si aún sin mirar te veo?
Sé, que allá muy lejos, alguien está esperando,
le engañas,
hablas de triunfos, sueños,
cuando el fracaso ha inundado tu alma.
Has dejado la lejana tierra,
y un juguete guardado entre tus pertenencias,
recuerda la mirada de un niño,
en su último adiós tras la ventana.
Ha pasado medio siglo por tu rostro,
tu tronco de la vida ya sin ramas
está roto por múltiples estrías.
No te quedan palabras,
ni lágrimas, ni nada..
Tu techo es la bóveda celeste
iluminado por estrellas
ciegas de luz dormida, en tu noche sin alba.
Por mullido colchón el duro suelo
de la calle, tu casa,
y un perro por toda compañía
cuando todo te falta.
Llevas en la memoria la imagen de tu madre,
en el bolsillo roto
la sonrisa de un niño.
He pasado sin mirar, en silencio,
he llorado por dentro
ante la indiferencia de todos los que pasan.
Hoy llueve,